A mi driver no le gustan las pegatinas, ¡pero a mí sí! Soy un fan incondicional de las pegatinas. Hay que decir que, tras 35 años de docencia, muchos de ellos en educación infantil, las pegatinas han acabado formando parte de mi día a día.
En infantil, usamos las pegatinas para todo:
– para aprender a contar
– para crear secuencias lógicas
– para identificar objetos
– para trazar trazos que ayuden a la mano a iniciarse en la escritura,
Seguro que algunos de vosotros habéis sido usuarios asiduos de las notas adhesivas en la oficina o en casa.
Las habéis pegado en la puerta de la nevera, en los espejos o en la puerta de entrada para recordaros lo que teníais que hacer.
Yo, en cambio, uso pegatinas.
Antes de explicaros por qué a mi driver no le gustan las pegatinas, tengo que hablaros un poco de este driver.
Hace unos diez años fui a un centro de adopción; un lugar donde se pueden adoptar palos de golf, a veces viejos y gastados, pero otros no tan antiguos, a veces simplemente poco queridos, hasta el punto de que sus propietarios los han abandonado.
Ese lugar podría llamarse SPCG (Sociedad Protectora de los Palos de Golf), pero ha elegido otro nombre: se llama «el trocathlon».
Allí fue donde conocí a mi fiel compañero. Por aquel entonces aún era joven y apuesto, pero comprendí enseguida por qué lo habían abandonado.
Fue por el tatuaje que tenía en el cuello.
De hecho, al mirar debajo de su cabeza, vi ese terrible número grabado en una esquina: ¡8,5!
Y enseguida comprendí que, a pesar de su prestigiosa ascendencia (mi driver es hijo de la famosa familia Titleist), su anterior propietario no había conseguido domesticarlo.
Este driver me gustó de inmediato, a pesar de su hándicap. Y me miró con tanta tristeza mientras me decía: «Venga, adóptame, te prometo que me portaré muy bien».
¡Ya lo creo!
Apenas llegamos a casa, su naturaleza volvió a imponerse. Empezó a hacer de las suyas, mandando mis bolas a correr hacia el bosque a la derecha de las calles.
Y lo peor es que, a veces, sobre todo cuando hacía mucho calor, las lanzaba directamente a refrescarse al gran estanque que hay a la izquierda de la pista verde.
En resumen, durante un tiempo se negó obstinadamente a pasear tranquilamente conmigo por el centro de la pista.
A base de trabajo y persuasión, al final conseguí canalizar un poco su energía. Me llevó tiempo, pero desde hace unos meses acepta de buen grado, la mayoría de las veces, tomar un impulso más sensato y hacer que la bola aterrice a unos 200 m frente a mí, lo que me viene de perlas a mi avanzada edad.
Sigue habiendo un pequeño problema: este driver sigue siendo bastante testarudo y, de vez en cuando, le apetece golpear como un burro.
Es bastante normal, lo compré en la Cataluña francesa. Así que este driver es catalán, como yo, y el emblema de los catalanes franceses es un burro. No se reniega de los orígenes.
El problema es que, cuando golpea como un burro, la bola vuelve a irse a los bosques o a los estanques. Así que tuve que encontrar una forma de evitarlo.
Volvamos a las pegatinas.
Los profesionales nos explican, con razón, que cuando nos enfrentamos a una dificultad, es mejor no pensar en lo que no hay que hacer, sino más bien en lo que hay que hacer.
Esto es especialmente cierto, por ejemplo, cuando hay que superar un obstáculo de agua: es mejor pensar en el lugar donde queremos que caiga la bola en la calle, más allá del obstáculo, en lugar de pensar en no meterla en el agua.
Pero con mi driver, es más complicado que eso.
Si le digo lo que quiero que haga, me mira riéndose y hace lo que le da la gana. Así que he decidido ponerle tres pegatinas. He colocado estas tres pegatinas en la parte superior de su cabeza.

Cada una de estas pegatinas contiene una letra: N, O y N, y como podéis ver, juntas forman la palabra «NO».

Cada vez que coloco mi driver delante de mí, leo esa palabra «NO» en mi cabeza y, a veces, en voz alta, y mi viejo driver entiende que NO DEBE golpear como un burro, sino realizar un movimiento mucho más lento y fluido que permita que la bola se mantenga en la calle frente a mí.

Así, en mi última partida de anteayer, esto me permitió colocar el 100 % de mis drives en el centro de la calle.
Mi tarjeta no fue precisamente brillante, pero eso se debe a otros factores.
También tengo algunos problemas de «educación» en este momento con mi sandwedge. Y, a veces, con mi putter.
Esa es otra historia de la que os hablaré pronto.